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Hacer un algoritmo es fácil. Unas pocas líneas de código son suficientes. Hay incluso plataformas que te automatizan todo el proceso. Subes los datos, eliges el modelo y obtienes un resultado. Y pagas solo por lo que usas. Lo llaman ‘AutoML’ (auto-machine-learning)

Hace referencia a aquellos algoritmos en los que no se puede explicar por qué han llegado a un resultado concreto. Cuando un coche autónomo decide hacer un giro, están influyendo muchísimos factores al mismo tiempo: la ruta del gps, el radar para detectar obstáculos alrededor del vehículo, la cámara que identifica un semáforo, etc. La decisión se realiza teniendo en cuenta todos ellos. Y es imposible saber cuál es el que ha determinado el giro.

Zigor Aldama acaba de volver a casa después de pasar 21 años en China. Como periodista, ha vivido de primera mano la transformación del gigante Asiático y tiene un gran conocimiento del impulso que se le ha dado a la IA en aquel país.

Abres Linkedin y aparecen un montón de webinars con ponentes en los que su rol es ser «experto en IA» Seguramente antes lo fueron de Innovación y antes aún de Gestión del Conocimiento, Servitización o de cualquier otro concepto que en su momento sonara a novedoso. Es lo que se llama «evangelización». Es decir, coger un tema de moda y hacer un refrito de conceptos para compartirlo con el público en general.

Antes de la pandemia me apunté a un barco en el que hacía falta tripulación y todos los domingos salimos a la mar. Ya había tenido un pequeño raquero de fibra que nos duró dos veranos. Sin ninguna preparación disfrutamos muchísimo el primer año. En invierno nos vinimos arriba con el taller de reparaciones y acabamos haciéndole un agujero. El barco acabó en el fondo del puerto.