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Puedes definir “ahorro” como quieras: coste de materia prima, tiempo invertido en tareas repetitivas o, directamente, la eliminación de puestos de trabajo. Un chatbot en vez de un Centro de Atención al cliente, una cámara con un lector de matrículas en vez de un controlador de la hora, un traductor automático en vez de un lingüista jurado…