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El uso de nuestros datos nos preocupa.
Nos preocupa mucho.

Nos preocupa tanto que, en muchas charlas en las que participo, acaba eclipsando el turno de preguntas. 

¿Es cierto que mi tele me escucha cuando está apagada? ¿Por qué me salen anuncios de Torrevieja cuando acabo de hablar con un amigo de irnos de vacaciones?¿De verdad que el algoritmo sabe más de mí que mi pareja?

Si tú le preguntas a alguien sobre cuánto cree que valen sus datos, te dará una cifra que ninguna compañía estaría dispuesto a pagar. 

Curioso.

Cómo valoramos algo que regalamos cada día. 

Gratis. 

Y no hablo solo de los Google, Facebook, Instagram, Linkedin, etc. Toda tu vida digital a cambio del uso de redes sociales. 

Hay cantidad de experimentos que lo demuestran. 

Desde cómo por entrar en el sorteo de un carro de la compra una gran cadena de supermercados consiguió datos personales de sus clientes, a cómo por el precio de una hamburguesas los usuarios de una app consentían el uso de todos sus datos personales, todos, para campañas promocionales. 

Es todavía más curioso cómo valoramos nuestros datos en función de nuestra edad.

Cuanto más joven eres, menos valoras tus datos. Es lo que tiene el haber nacido en un mundo digital. Están tan acostumbrados a dar el consentimiento al uso de sus datos porque consideran que no valen absolutamente nada. 

Así que las empresas utilizan estos datos para mejorar su posición competitiva. Cuanto mejor conozco a mi cliente, mejor puedo personalizar los contenidos, las ofertas, el producto. Y cuanto más personalización, más probabilidad de que compre. 

Una ventaja competitiva que se está convirtiendo en una commodity. Que no me das una experiencia de compra adaptada a mis gustos, me voy a otra empresa. Tan fácil como cambiar de página web a golpe de click.

La dura realidad de vivir en un mundo digital.

Pero cuidado. Tus problemas no se van a evaporar por incorporar un algoritmo en tu empresa. El cómo lo incorporas es clave. No vaya a ser que sea peor el remedio que la enfermedad. 

Piensa cuál sería el impacto en tus clientes si perciben que están siendo tratados de forma injusta por una máquina. Por ser mujeres. Por ser negros. Por vivir en una zona determinada. Porque un algoritmo repite los sesgos sociales de los datos con los que ha sido entrenado.

Con la frialdad de un cuchillo cortando mantequilla. 

En qué situación queda tu empresa si encima se descubre que estos sesgos se conocían y no has hecho nada para remediarlo. 

Sí, la ética en el mundo de la Inteligencia Artificial es relevante. No solo como elemento de autocontrol y con el espíritu que debe guiar a todo directivo por hacer bien su trabajo. Sino que tiene un impacto real en tu compañía. 

Por eso es tan importante rodearte de gente que conozca sus repercusiones y sepa incorporar conceptos de justicia algorítmica en el desarrollo de tus proyectos. No solo desde un punto de vista teórico sino con una visión real. Porque ya lo han hecho. 

Encantado de tener una conversación.


Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA