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Llevo un tiempo leyendo el libro “Leadership by Algorithm”, de David de Cremer.

Tiene algunas partes densitas y, otras que he vuelto a releer varias veces. 

Es curioso cómo nos comportamos en nuestra vida y en nuestro trabajo cuando la tecnología pasa a ser un compañero más. O a ser nuestro jefe. O a ser nuestro empleado.

Cómo nos fiamos de ciertas decisiones si las toma un algoritmo y cómo en otras ocasiones no confiamos en lo que nos dice la máquina y preferimos que haya un humano. Aunque sepamos que cometerá más errores. 

Te voy a contar dos situaciones reales.

La primera seguro que hasta te ha pasado.

Hace unos días llego al aeropuerto, cansado de estar un par de días fuera y me monto en un taxi. Era tarde, así que lo único que quería era llegar a casa y descansar.

Entro al taxi, le digo la dirección al taxista, me relajo y justo en el momento en el que pienso “ya está” el taxista me suelta la clásica pregunta. ¿Y por dónde quieres ir?

Es la típica pregunta que no sabes si el taxista te la dice porque te la quiere liar, porque no sabe muy bien cómo llegar o, quizá porque quiere empezar una conversación. 

En cualquier caso no estaba para ninguna de las tres, así que saqué el móvil y le contesté: “lo que diga el GPS”

Ese acto reflejo de sacar el móvil, meter la dirección y confiar ciegamente en su resultado tiene un trasfondo interesante. El algoritmo se ve como un ente imparcial. Evitamos los sesgos humanos y nos fiamos de su decisión precisamente porque nos va a decir el camino más corto desechando cualquier otra variable.

Ninguno de los dos cuestionamos que nos estaba dando el trayecto óptimo.

Bien.

En un proyecto con DECIDATA hemos desarrollado un modelo que le dice al operario las acciones que debe realizar con una máquina. El modelo genera una predicción y le envía un correo electrónico al trabajador para que teclee los comandos de modo manual.

Este proceso se podría automatizar perfectamente, pero el cliente quiso que se hiciera así. Aunque el operario en el 100% de las veces lo único que haga sea meter los datos que recibe en su bandeja de entrada.

La razón que nos dio el cliente es que necesita que, en caso de error, siempre haya un responsable. Solo así se puede trazar directamente la responsabilidad del fallo y poner las medidas para que no vuelva a ocurrir.

La realidad es que como el trabajador tiene otras tareas que atender, no siempre le da tiempo a incluir los cambios en la máquina a tiempo. Lo que acaba generando más errores y mayores ineficiencias.

Así que parte de las mejoras que te aporta el algoritmo se acaban diluyendo por el propio proceso de toma de decisiones.

Si piensas realmente qué es el liderazgo. Por qué te involucras en un proyecto. Hay un elemento que no es racional…

La implicación en tu trabajo. Con tus compañeros. Con tu jefe. No viene de que tengas la certeza de que está tomando las mejores decisiones. Sino de la forma en la que lo hace. Los valores y su estilo de liderazgo.

Y, desde luego, la empatía es un valor que jamás podrán ofrecernos las máquinas.

Me acuerdo de haber visto un vídeo de Dalí en una conferencia científica siendo yo bien pequeño. El ya estaba muy mayor e iba en silla de ruedas y con un respirador, por lo que se había grabado su intervención y la pusieron en una pantalla.

Para cerrar la conferencia Dalí dijo una frase que siempre me ha acompañado y que cierra muy bien la newsletter de hoy: “Puedo demostrar científicamente que Dios existe. Tengo la certeza absoluta de que es así. Pero yo no me lo creo”

Simplemente genial.

Encantado de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA