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Esta semana visitaba a mi abuela en la residencia para mayores donde vive. Y tuve una conversación con ella. Una de esas conversaciones que te hacen ver las cosas desde otra perspectiva. 

Mi abuela tiene 93 años. Hasta hace pocas semanas se encontraba de maravilla. Vivía sola y dependía únicamente de una persona que la ayudaba con la casa una vez a la semana.  

Hace algo más de un mes se cayó en medio de la calle y se dio un golpe en la cabeza. Tras pasar unos días en observación, nos dijeron que el deterioro cognitivo empezaba a ser importante y nos recomendaban que no estuviera sola.  

Aunque todavía no está mal, empieza a estar delicada. Y los años se notan. 

Total, que estaba tomándome un café con ella y me dice: “Si me pongo a pensar en las cosas que he hecho en mi vida, nunca era un buen momento”.

Y claro, cuando hicimos un repaso rápido de su vida, nunca ha sido un buen momento.  

No fue un buen momento que le pillara la guerra en Gernika con 8 años. Cuenta que estaba jugando en el campo cuando llegaron los primeros aviones. Y aunque vivió para contarlo, una herida en el pie y una esquirla de metralla le han acompañado toda su vida. 

Auténtica superviviente en una España de posguerra, tuvo que sobreponerse a la pérdida de su marido y de su hijo mayor en unos pocos meses. Rehacer tu vida a finales de los 70 con 51 años y con un hijo todavía pequeño, no tuvo que ser nada fácil.  

Se sacó el carné de conducir con casi 60 años. Su primer coche fue un Seat 133, de los que tenían el motor atrás. Y hasta casi los 80 estuvo conduciendo un Ford Fiesta rojo. 

Tampoco fue un buen momento cuando hace años se rompió un tobillo y tuvo que estar sin moverse casi un mes tras la operación. Un año más tarde tenía más movilidad en el tobillo operado que en el sano. 

Genio y figura. 

Así que después del repaso y casi acabándonos el café, me dice que esto del golpe en la cabeza tampoco le ha pillado en buen momento. Ahora que estaba empezando a vivir. 

Con 93 años. 

Un ejemplo de vitalidad brutal. 

Y una buena lección de vida. Nunca es buen momento. Y nunca lo será. 

Ya sea para tener un hijo, para cambiar de trabajo o para empezar un nuevo proyecto. No esperes una mejora de la situación, una menor carga de trabajo o la alineación de los astros porque nunca va a llegar. 

Así que lo mejor es ponerse manos a la obra. Cuanto antes. La urgencia tienes que ponerla tú. O te la acabarán imponiendo otros. 

Encantados de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA