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Las encuestas anticipaban la victoria de Joe Biden. Por muy poco, pero todas daban por ganador a Biden. 

También lo hicieron con Hillary Clinton en 2016. Por menos margen pero también la daban como ganadora. Se equivocaron.

Trump ha vuelto a dar la sorpresa. Aunque no quiera aceptarlo, ha perdido las elecciones. Pero lo que nadie anticipaba es que le iban a votar 4 millones de americanos más que en 2016. No ha habido voto de castigo. No le han apoyado unos pocos miles más. Han sido 4 millones. Uno detrás de otro. Todos legales.

Trump puede ser un tío desagradable. Puede haberse cargado todos los consensos internacionales y haber hecho una gestión desastrosa de la pandemia. Pero conoce a su electorado.

Lo conoce tan bien que cada uno de sus votantes lo reconocen como un hombre hecho así mismo, un hombre de negocios. Aunque sea mentira. El mejor negocio que ha hecho Trump en su vida ha sido llegar a Presidente. Los ingresos generados en sus hoteles desde que llegó a la Casa Blanca pueden haberle salvado de la bancarrota. 

Pero no nos desviemos. 

Joe Biden ha ganado por poco. Por muy poco en unos pocos estados. A pesar de que el voto popular ha sido claro, la elección se ha decidido por unos pocos miles de votos. 

Si ya se anticipaba que iba a ser así, ¿por qué una sorpresa tan grande en los resultados de Trump?

Hay dos razones fundamentales que explican el resultado. 

En primer lugar un sesgo en los datos. Algunos expertos hablan del sesgo trumpista a no responder las encuestas. Los seguidores de Trump consideran que el sistema está viciado y, por tanto, deciden no participar en las encuestas. Otros articulistas hablan del voto oculto de Trump. Votantes que no se atreven a decir que votan a Trump pero luego acaban eligiendo su papeleta. Viendo el exhibicionismo de sus seguidores durante la campaña parece poco probable, pero es una posibilidad. 

Y la segunda razón es el juego de la probabilidad. El futuro no es un hecho cierto. No existen las bolas de cristal. Por eso lo más parecido que tenemos es la probabilidad. Pero no estamos preparados para entender la complejidad que esto plantea. Y mucho menos en sucesos no repetitivos como unas elecciones o la pandemia de la COVID-19. Aquí los modelos funcionan peor. No pueden aprender de la experiencia.

En España tenemos un ejemplo que sí que lo entendieron bien, los Pelayos. Gonzalo García Pelayo definió en los 90 un método legal para “desplumar” a los casinos en todo el mundo. Se dedicaba junto a su familia a captar datos sobre miles de tiradas de cada ruleta de cada casino y anotaba las pequeñas variaciones en la probabilidad de ciertos números. Las ruletas no son perfectas y esos pequeños fallos tienden a favorecer ciertos números sobre otros. ¿Eso significa que en la siguiente tirada va a salir el número que Gonzalo diga? Pues no. Pero si apuestas muchas veces al mismo número en el largo plazo la probabilidad acaba venciendo.

En la empresa ocurre lo mismo. Los modelos predictivos funcionan muy bien con aquellos problemas que ocurren de forma recurrente. El abandono de clientes, la recomendación de productos, la predicción de la demanda, los fallos en producción, la detección de fraude, etc. Hay una gran cantidad de problemas de negocio que siguen este patrón. Muchas veces, la dificultad está en darte cuenta que son procesos de este tipo.

Ser capaz de anticiparte puede marcar la diferencia. A los Pelayos les hizo ricos. En tu sector puede ser la forma de seguir siendo competitivo.

Bien. 

En DECIDATA no atracamos casinos. Ayudamos a otras empresas a sacar el máximo partido de negocio a sus datos. Utilizando tecnología basada en machine learning e Inteligencia Artificial. No hay magia detrás, solo ciencia aplicada basada en nuestra experiencia. 

Hemos desarrollado una metodología propia para identificar qué problemas de tu empresa pueden solucionarse con Ciencia de Datos. Lo llamamos la Clínica del Dato. No sirve para anticipar quién ganará las elecciones de EE.UU. pero puede ayudarte a incorporar la Analítica Avanzada en tu empresa.

Encantados de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA