banner
Hace unos meses empecé a navegar a vela. A navegar en serio.

Antes de la pandemia me apunté a un barco en el que hacía falta tripulación y todos los domingos salimos a la mar. Ya había tenido un pequeño raquero de fibra que nos duró dos veranos. Sin ninguna preparación disfrutamos muchísimo el primer año. En invierno nos vinimos arriba con el taller de reparaciones y acabamos haciéndole un agujero. El barco acabó en el fondo del puerto.  

Crónica de un naufragio anunciado. Cuando no sabes lo que haces, lo normal es que acabe en desastre.

Así que esta vez me he propuesto aprender a navegar antes de tener el barco. Tras el confinamiento, y cuando las normas de movilidad los permiten, hemos vuelto a juntarnos y a navegar. No hay nada como deslizarse un día de viento sin motor. Si os gusta el mar, y no os mareáis, es una experiencia brutal. Disfrutar del viento y la velocidad sin ruidos. Si tienes suerte, hasta puedes ver delfines. 

Brutal.

Y luego está la competición. Porque no solo salimos a pasar la mañana. Salimos a competir. Y a ganar. Aunque no haya trofeo, cada domingo nos juntamos 6 o 7 barcos. Siempre los mismos y competimos en una regata oficial con su reglamento y su clasificación. 

Una vez que aprendes a dominar el barco, la estrategia adquiere su máximo exponente. Definir el rumbo, los virajes, el tipo de velas y los ajustes que vas a aplicar es difícil. Muchas cosas a tener en cuenta y nunca hay una sola que marca la diferencia.

En todo barco, el capitán es el que tiene que marcar el rumbo. Pero no esta solo, a bordo existe la figura del  «táctico» que ayuda en esa labor aconsejando en función de las condiciones y la estrategia del resto de barcos. Aunque labor del «trimmer» o «táctico» se centra en ajustar las velas para exprimir al máximo la fuerza del viento, está figura también plantea la estrategia durante la regata y se la comunica al capitán que es quien tiene que tomar las decisiones.

Hasta aquí la teoría. Empieza la regata y enseguida se ve cómo la flota se divide en varios grupos. Siempre surge un líder al que un conjunto de barcos sigue y copia la estrategia. Estos seguidores juegan su baza al fallo del líder. Estar muy cerca para poder superarle en cuanto cometa un error. 

Un planteamiento en el que se fía todo a la visión del líder y donde las diferencia suele estar en pequeños detalles.

Luego están los innovadores. Tripulaciones que deciden apostar por otra estrategia. Probar en otras zonas del campo de regatas y encontrar bolsas de viento que les permitan adelantar al grupo que va por delante. Tiene sus riesgos, pero en situaciones muy cambiantes son capaces de aprovechar oportunidades que pasan desapercibidas para el primer grupo.

Y por último están los amateurs. Equipos que están empezando y que en cuanto suena la sirena que da comienzo a la regata se ve que no tienen ninguna opción. No hay ninguna estrategia más allá de salir a navegar. Solo con ilusión no se ganan carreras. Lo sé porque he estado en este grupo

En el mundo de la empresa ocurre algo parecido. Y los grupos de empresas se organizan de manera parecida.

Pero qué ocurre si de repente todo cambia. 

Empieza la carrera, y el viento no es el que esperabas. El campo de regatas es diferente. Incluso tienes que navegar con un barco que no es el tuyo. 

Los datos y la Inteligencia Artificial suponen un cambio brutal para sectores económicos completos. Y afecta a todas las áreas y procesos de la compañía. Una tecnología de propósito general. Como la electricidad. Con el potencial de transformarlo todo. De una manera rápida e inesperada. 

Si encima le unes el efecto de la pandemia, tienes la tormenta perfecta. No existen líderes capaces de anticipar un cambio de esta magnitud.

Y en una situación así, cuando no hay nada cierto es cuando la estrategia tiene un mayor valor. Una estrategia que hay que definir mientras sigues navegando. Ninguna tormenta para que reflexiones y vuelvas a la pelea cuando lo tienes todo claro.

Bien.

La primera pregunta que tienes que hacer en tu organización es si existe una estrategia de datos en la empresa. Una visión a largo plazo de cómo los datos y la Inteligencia Artificial pueden ayudar a tu empresa a ser más competitivo y un Plan a corto plazo para ponerlo en marcha. Porque el viento ha cambiado. Y solo las empresas que sean capaces de entender las nuevas condiciones de manera ágil podrán seguir a flote.

En DECIDATA somos expertos en Analítica Avanzada e Inteligencia Artificial. Con una experiencia contrastada en diferentes proyectos, sectores y tipos de compañía. Porque si tienes que enfrentarte a nuevos mares es mejor tener a un «táctico» cerca. Que sepa cuáles son las claves de este nuevo mundo y te aconseje sobre la mejore estrategia para tu empresa.

Encantados de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA