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La semana pasada estuve en un evento con un cliente y amigo. Más amigo que cliente.

Y hablamos de nuestra historia de amor en torno a los datos.

Cómo, hace ya unos cuantos años, empezamos con un proyecto de Inteligencia Avanzada y lo que ha ido sucediendo desde entonces.

A él y a nosotros como compañía. Porque como en toda relación vas madurando a lo largo del tiempo. 

Si crees que con tu pareja todo es exactamente igual que hace veinte años, y no te llamas Peter Pan, tienes un problema. 

Así que contamos cómo empezamos. Lo que fue ir descubriendo los datos y la Inteligencia Artificial en un entorno de producción complejo. Con una información que no siempre está como uno espera. 

Con la necesidad de invertir en nuevos sensores, sistemas y estándares que permitan captar e interconectar los datos de las diferentes fuentes. Y así poder contar con una visión global de producto. Su ADN al completo. 

Y lo difícil que es conseguirlo.

No solo por la parte tecnológica de poder contar con la información necesaria. Sino por la necesidad de convencer a todo el mundo de que contar con esos datos les va a ayudar en su día a día. 

Y que la persona dueña del proceso lo entienda. Y quiera ayudarte. A ti. Que te dé los datos de su proceso sin saber muy bien qué vas a hacer con ellos.

Entonces tú trabajas bien los datos. Y le devuelves la información organizada. Y empieza a descubrir cosas que no sabía sobre su proceso. Y además puede anticiparse a ciertos eventos. Entonces ve el retorno.

Ahí es donde está la magia. Porque esa persona empieza a utilizar los datos como base para la toma de sus decisiones del día a día. 

Has inoculado el veneno de los datos en la organización. Y entonces ya son otros los que empiezan a proponerte casos de uso. Y a pedirte que les ayudes con sus proyectos. 

Y de forma natural vas cambiando tu rol. 

Te empiezas a centrar en que los proyectos escalen. Que los modelos se puedan integrar en producción de manera ágil. Con una infraestructura que permita un despliegue rápido y la conexión a los sistemas de manera sencilla. Convertirte en una célula, muchas veces clandestina, que haga que las cosas pasen.

Porque en toda organización compleja hay muchas barreras que dificultan hacer las cosas de manera diferente.

Procesos, reglas, protocolos… la barrera entre asegurar lo necesario para que no sea un caos y la parálisis suele ser muy fina. Cuanto más grande sea tu empresa, mayor será la tendencia hacia la parálisis. 

Por eso es tan importante elegir una buena pareja de baile. Un partner que entienda tu situación y se adapte a tus necesidades. Que te ayude a avanzar más rápido, a asegurar que las cosas salen adelante. Porque ya lo ha hecho antes.

Así que si estás abierto a empezar una relación de este tipo, empecemos por conocernos. Tan fácil como responderme a este correo y cerrar una cita.

Si consigo enamorarte, el Gobierno Vasco te paga el 50% del primer proyecto. 
El Ministerio de Industria y algunas Comunidades Autónomas también pueden facilitarte ciertas ayudas económicas para ello.

Nunca lo vas a tener más fácil.

Pero durará poco. Los fondos se van acabando a medida que se solicitan. Si te interesa, te ayudamos con todo el proceso. 

Así se las ponían a Felipe II.

Encantado de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA