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La Inteligencia Artificial puede ser complicada.

Muy complicada.

O tremendamente complicada.

Pude ser tan complicada, que ni la persona que ha creado el algoritmo es capaz de explicar algunos de sus resultados.

Eso es así.

Pero esa no es la principal barrera a la hora de desarrollar un proyecto de Inteligencia Artificial. No es la causa por la que la IA no se está desarrollando en nuestras empresas a la velocidad y con la profundidad que nos gustaría.

Te propongo un juego.

Piensa en tres áreas de tu trabajo que crees que se podrían mejorar gracias a un algoritmo. Escríbelas en un papel.

Ahora intenta «aterrizarlas» en una pregunta concreta. Preguntas del tipo sí/no (¿este cliente abandonará mi compañía? ¿está dispuesto a comprar mi producto?¿está operación es fraudulenta?) o preguntas que se pueden responder con varias opciones (¿qué producto debo ofrecerle?¿qué contenido le gustará más?¿qué debería ofrecerle para retenerle?)

Y por último describe los datos que utilizas para responderlas en tu día a día. Tanto los datos estructurados a los que tienes acceso, como cualquier otra fuente de datos que incorporas en tu proceso mental. Define también los datos que no utilizas pero que crees que podrían ayudar a responder la pregunta.

¿Fácil?

Si has sido capaz de dar una respuesta a los tres temas, ¡enhorabuena! Has roto la principal barrera a la hora de desarrollar un proyecto de Inteligencia Artificial.

Y si no lo has conseguido, no te preocupes. Nos pasa a todos. El primer proyecto en el que trabajé fue un desastre. Nos pusimos a analizar los datos como locos para darnos cuenta de que no eran lo suficientemente buenos para solucionar el problema planteado. Varios meses de trabajo perdidos y un cliente descontento.

Pero aprendimos. Y desarrollamos una metodología propia para que no nos volviera a ocurrir.

Una serie de pasos que aseguran contar con un proyecto detallado antes de empezar a escribir una línea de código. Alinear a los participantes y gestionar las expectativas. Que todo el equipo sepa exactamente lo que se quiere lograr con el proyecto.

Definir lo que uno quiere conseguir al principio evita discusiones y pérdidas de tiempo más adelante. Mejor ponerse rojo una vez que morado toda la vida.

Desde entonces muchas empresas se han beneficiado de este esquema. Un esquema que seguimos mejorando con cada proyecto y que ponemos a disposición de los clientes con los que trabajamos.

Y que también ponemos a tu servicio. Tan fácil como responder a este correo. 

Encantado de tener una conversación.

Iñaki Pertusa
Socio en DECIDATA